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La violencia de género

Aprender el léxico

El Telediario empieza con la muerte de una mujer. No ha sido en un accidente de tráfico o por una enfermedad. Ha sido degollada, en su propia casa, por su marido. Los periodistas entrevistan a los vecinos. "Era una familia normal, ¡no me lo puedo creer!", dicen muchos. Ana, que así se llamaba la mujer, llevaba 12 años casada y tenía dos hijos, de 10 y 6 años.

Durante los dos años que estuvo de noviazgo con su marido, éste era encantador. Se preocupaba mucho por ella, y por eso siempre la iba a recoger al trabajo. La quería mucho, y por eso quería estar todo el tiempo con ella y que no viese a su familia y amistades, la quería sólo para él. La consideraba muy guapa, por eso le parecía que los demás hombres la mirarían y que debía cuidar la ropa que llevaba. Era muy generoso tomando él las decisiones, porque como ella no tenía estudios  lo haría peor. Quería que estuviese tranquila y tuviese todas las comodidades, por eso cuando se casaron insistió en que dejara el trabajo. La valoraba mucho, por eso consideraba que su familia no era suficientemente buena para ella y empezó a criticarlos. Ana se esforzaba mucho en que todo estuviera perfecto, porque su marido era muy detallista. Él era todo su mundo ya que perdió el contacto con sus amigas y apenas veía a su familia.

Un día la chilló porque llegó muy cansado del trabajo y la comida no estaba lista. Al día siguiente le trajo un ramo de flores. Al cabo de unas semanas la volvió a chillar y Ana se esforzó más aún en que todo estuviera a su gusto. Al cabo de unos días se volvió a repetir y Ana protestó, entonces estuvo una semana sin hablarla. Después la llevó a cenar.

La primera paliza ocurrió cuanda Ana estaba embarazada de su primer hijo. No recuerda el motivo. Sólo que por aquel entonces ya estaba acostumbrada al "carácter fuerte" de él, y hacía todo lo posible para tranquilizarle cuando venía de mal humor. Esperaba que la llegada del primer hijo le cambiaría, pero no fue así, tenía celos de él. Y los golpes empezaron a ser más frecuentes. Ana se sentía una inútil, que no valía para nada.

Unos tres años después del nacimientio de su primer hijo se quedó embarazada del segundo. Ana hubiera preferido no tener más hijos porque no quería que vivieran así, además hacía mucho tiempo que no deseaba mantener relaciones sexuales. Pero daba igual, él la forzaba, ya que era su "obligación como esposa".

Una vez vio un programa en la televisión sobre violencia de género y pensó en denunciarle. Pero estaba agotada. Sólo quería que pasase rápido un día tras otro y cuidar a sus hijos. Además, ¿a dónde iba a ir?, ¿qué iba a pasar con los niños?, ¿cómo iban a mantenerse económicamente?

Dos meses antes de su muerte Ana tomó la firme decisión de separarse. Pero no quería denunciarle porque le tenía miedo, y además era el padre de sus hijos. Esa tarde le dio una paliza y su hijo mayor se puso en medio para defenderla, se enfrentó al padre y éste le pegó. Ana estaba tan débil físicamente y destrozada psíquicamente que ya era como si no sintiera los golpes. Pero no podía permitir que pegara a su hijo.

La tarde de su muerte Ana había preparado las maletas. No se lo había dicho a nadie. Pensaba irse a casa de su madre cuando salieran los niños del colegio. Pero ese día su marido llegó muy temprano del trabajo. Ella le dijo que se iba. Lo pagó con su vida.

 

Ana es un nombre ficticio. De hecho, su nombre no lo dicen en las noticias. Sólo dicen que es el "número 12", el número de mujeres asesinadas por su pareja en lo que va de año.

 

Muchas mujeres mueren en España a manos de sus parejas y exparejas. Afortunadamente, otras muchas consiguen separarse, superar las secuelas de una situación tan traumática y salir adelante. Estas mujeres supervivientes descubren que:

  • Nunca hay motivos que justifiquen las agresiones.
  • Antes del primer insulto y del primer golpe ha habido durante tiempo agresiones más sutiles (como desvalorizaciones, críticas sobre su forma de ser, ridiculizaciones en tono de broma, etc.) que hacen que la mujer se vaya habituando al maltrato y vaya disminuyendo la seguridad en sí misma. Lo que Ana entendía al principio como preocupación, amor e interés hacia ella no eran más que celos y posesividad. Era un objeto de su marido que éste se empeñaba en destruir.
  • Los episodios violentos se alternan con otros de calma, que hacen que la mujer crea que la pareja va a cambiar. Es lo que se ha llamado el "ciclo de la violencia".
  • Dentro del matrimonio también puede producirse violación. Se da siempre que no hay consentimiento de la mujer, sea en una relación de pareja o sea por parte de un desconocido.
  • El maltratador aísla a la mujer de su entorno. Esto le dificulta ver la gravedad de lo que le está pasando.
  • Para sentir que tiene algo de control sobre su vida, la mujer necesita pensar que ella es la culpable de lo que le está pasando. Así, piensa que si se esfuerza, el maltratador puede cambiar. Pero esto no es así  y lo que se produce es una gran destrucción de su autoestima.
  • En la violencia de género por parte de la pareja se producen los mismos mecanismos mentales que en el caso de los prisioneros de guerra o del secuestro. La mujer convive con su enemigo y aprende a someterse a él para su supervivencia. Se resigna a las humillaciones, a los maltratos. Vive en una situación de continuo presente, en estado de alerta permanente para tratar de adivinar las reacciones de su agresor. No ve futuro ni esperanza.

Autor/a Marta Serrano Lebón

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