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Educación universitaria

A principios de septiembre los jóvenes universitarios acuden a los bancos para pagar la matrículade la universidad: la matrícula es lo que cuesta el derecho a asistir a las clases y, además, hay que abonar cada materia en la que se han matriculado. Este hecho es tan masivo que muchas veces tienen que esperar durante horas en largas colas que se forman en las sucursales bancarias más próximas a los centros de estudios. El número de materias que se cursan anualmente puede variar en función de las distintas carreras, las condiciones académicas de cada alumno, sus posibilidades económicas, etc., por lo que el precio cambia mucho de unas carreras a otras y de unos alumnos a otros, pero en general hay una gran flexibilidad.

En la universidad pública, el comienzo de año suele ser muy estresante para el estudiante, ya que tiene que invertir mucho tiempo y esfuerzo en gestionar su curso académico y organizar sus horarios. Esto es especialmente complicado si, además, pretende compaginarlo con otros estudios o incluso con un trabajo que le permita financiarse las costosas tasas, que hoy en día se han multiplicado por cuatro. El antiguo sistema de becas y ayudas cada año se ha visto más reducido, y con el actual gobierno prácticamente se ha extinguido.

Los primeros días de septiembre en el tablón de anuncios se publican cientos de horarios con las asignaturas y los profesores que las imparten, y cada cual debe elaborarse su propio horario en función de sus posibilidades y del tipo de materias que necesita. A veces es muy difícil hacer la matrícula cuando todavía se está a la espera de la nota de un examen.

La mayoría de planes de estudio incluyen distintos tipos de asignaturas, entre las que podemos citar las materias troncales, que son materias básicas e indispensables de cada carrera, y las materias optativas, que cada estudiante va escogiendo según sus preferencias y sus posibilidades horarias. Además, existen otras materias, llamadas  “de libre configuración”, que se han diseñado para promover cierta interdisciplinariedad entre distintas carreras, de modo que un estudiante pueda escoger anualmente una o dos asignaturas pertenecientes a otras carreras o de su misma carrera, que cada facultad oferta permitiendo una formación más amplia y multidisciplinar. Las materias troncales no se deben suspender, porque ello conllevaría la imposibilidad de matricularse en otras materias derivadas de ellas al siguiente curso, y a la larga, supondría el abandono de los estudios, de modo que suelen ser las que más estudio requieren y las más difíciles de aprobar.

Una enorme cantidad de alumnos abandonan las carreras durante los dos primeros cursos, ya que se dan cuenta de que no son capaces de aprobar las materias. También un fenómeno curioso se da cuando cierto porcentaje de alumnos prueban un primer curso en dos o tres carreras hasta que encuentran la que se adecúa a sus posibilidades.

El sistema de acceso es complicado ya que depende de la nota de selectividad, y en cada carrera se pide una nota de corte. Las carreras consideradas más prestigiosas y útiles, exigen una nota de corte más alta: ingenierías, medicina, fisioterapia, y odontología. Las humanidades son las que menos nota exigen, porque muy poca gente en España está interesada en estas carreras, que se consideran innecesarias y poco prácticas para la vida profesional.

El curso académico universitario suele empezar más tarde que en los colegios de primaria y en los institutos de enseñanza secundaria. Durante el mes de septiembre se celebran exámenes y se realiza el proceso de matriculación y ya a finales de septiembre o principios de octubre comienzan las clases.

El sistema de estudios universitario permite un número reducido de oportunidades de examinarse para aprobar, normalmente existen dos períodos de examen anuales, en enero y en junio. Si no se superan, existe la posibilidad de volver a presentarse en septiembre. Si alguien no aprueba los exámenes de septiembre, es obligatorio volver a realizar la matrícula en la materia suspensa al curso siguiente, teniendo la oportunidad de volver a examinarse en las fechas previstas, hasta un máximo de cuatro intentos, llamados “convocatorias”. De no superarse, se podría solicitar una convocatoria extraordinaria, pero esto solo se concede en casos excepcionales y la no superación podría conllevar la pérdida de la titulación. Cuando se suspende reiteradamente una asignatura troncal, estamos hablando de un problema muy grave para el estudiante, además de un coste económico muy elevado, ya que las sucesivas matrículas suponen unas tasas adicionales, el doble o el triple de caras. Si se suspende una optativa, la opción más sencilla y económica es matricularse en otra distinta al siguiente curso, si el horario lo permite, y probar suerte.

Por lo general, la educación actual sufre de la falta de profesores y medios, debida a la gran crisis económica que está atravesando España por un lado, y a la intención deliberada de los sucesivos gobiernos de empobrecer los recursos de la enseñanza y la sanidad públicas en favor de otras cuestiones: financiación de los bancos y de las empresas privadas. Por este motivo recientemente han echado a la calle a miles de profesores universitarios en España, lo cual, sumado al despido colectivo de casi el 40% de los docentes públicos en educación primaria y secundaria en toda España, ha provocado muchas protestas entre los profesores y alumnos.

Lamentablemente, los profesores universitarios se enfrentan hoy a un nuevo reto, no muy común en generaciones anteriores: el progresivo deterioro del nivel académico y de la actitud del alumnado. Se debe a la disminución tan brutal a que ha sido sometida la calidad de la enseñanza en la educación secundaria. Una serie de reformas aprobadas en los últimos años han venido a suponer un destrozo de la educación pública, dicho en palabras de cualquier docente con quince años de experiencia.

Los alumnos que proceden de la secundaria cada vez están menos preparados, y llegan a la universidad en unas condiciones lamentables, de modo que los profesores universitarios se han visto obligados a cambiar sus objetivos. Si un antiguo alumno universitario tiene que volver a su facultad para hacer un trámite en secretaría, al ver el ambiente, se queda pasmado: el comportamiento de los jóvenes, sus actitudes ante los profesores… Es muy curioso entrar en una cafetería de una universidad y observar alrededor, pues en ocasiones puede parecerse más a una zona de ocio nocturno que a un centro de estudios. No obstante, siempre hay alumnos que no frecuentan la cafetería y que están muy centrados en sus obligaciones académicas.

Autor/a Paula Salgado Reig